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El precio de los alimentos, una olla a presión que el Gobierno busca contener

Con costos que no dejaron de subir y a pesar del fuerte control estatal sobre el sector, los precios de muchos productos siguen en línea ascendente

Costos que suben un 28 % en lo que va del año, aumento de combustibles y negociaciones paritarias con incrementos salariales de hasta el 28%, balances negativos y férreo control de precios son los condimentos de la olla a presión que en la que actualmente se encuentra inmersa la industria alimenticia local.

Como ejemplo, se puede citar a Mastellone, que presentó ante la Comisión Nacional de Valores (CNV), con pérdidas por $1.198 millones en el primer semestre de este año, atribuidas a la inflación, la devaluación del peso y a un aumento del 28% en los costos que el Gobierno parece querer contener.

De esta forma, la olla que, si bien en el sector intentan mantener tapada, la presión que genera sobre los precios se torna cada vez más insostenible de contener.

 

Reacomodamientos

Fuentes de la industria aseguran que los mayores reacomodamientos se vienen dando en el sector de las golosinas y, más que nada, de los chocolates, las harinas, las galletitas y hasta las leches.

En este caso del segmento lácteo, se cuestiona la decisión de varias marcas líderes que comenzaron a cobrar el costo de flete en la factura que le entregan a sus proveedores y que termina impactando en el precio final de sus productos en el orden del 6%.

En el caso de los dulces, golosinas y chocolates se suma el fuerte faltante que evidencia el rubro y que se nota en las góndolas de los supermercados o las carameleras de los kioscos.

Referentes de este sector admitieron la existencia de una menor oferta justamente en la temporada donde más se vende y la justificaron por la obligación que tienen las empresas de aplicar protocolos sanitarios para poder producir que, entre otras medidas, limita la cantidad de empleados diarios que pueden desarrollar sus actividades.

«Tenemos todos nuestros productos dentro de Precios Cuidados o Máximos, por lo cual no hay manera de subir, salvo esta última ventana que permitió el Gobierno a partir de agosto», explican desde una de las multinacionales que opera en esta industria.

De todos modos, admiten que se aplicaron aumentos en algunas categorías de entre el 3% y el 4% en el caso de galletas, alfajores y obleas, por ejemplo.

Desde otro de los grandes grupos que compiten en el sector recordaron que el 20 de marzo, mediante la Resolución 100, la Secretaria de Comercio Interior congeló todos los precios con los valores que tenían al 6 de marzo pasado, un esquema que está vigente hoy hasta el 31 de agosto. «Hemos aumentado lo autorizado por el Gobierno», agregan.

Para ilustrar las subas que se vienen dando en este sector, la consultora Ecolatina habla de «inflación de alimentos» y asegura que se aceleró en la primera quincena de agosto.

Según el IPC GBA Ecolatina, trepó 2,9% si se compara este período con los 15 primeros días de julio pasado y fue producto principalmente de la dinámica de alimentos, bienes para el hogar y alquileres.

En el capítulo específico de Alimentos y bebidas, creció 3,5% en la primera quincena de agosto. Es decir, 2,1 puntos porcentuales por encima de la misma quincena del mes anterior.

«Consideramos que el descongelamiento de muchos precios máximos, que venían acumulando mayores costos desde el inicio de la pandemia, y el relajamiento de la cuarentena a partir de la segunda mitad de julio fueron los principales factores que explicaron este proceso», señala el informe de Ecolatina.

Esto implicó que, a diferencia de otros momentos del año, en la primera quincena de agosto el incremento en los precios de los alimentos fuera de forma generalizada.

A modo de ejemplo, en enero la inflación de este rubro se ubicó en 5,1%, traccionada por aumentos puntuales y significativos en determinados bienes. Casi una quinta parte de los productos relevados mostraron incrementos por encima del 10%, a la par que el 60% de los bienes no mostraron subas.

A contramano, en agosto se achicó la proporción de bienes con incrementos superiores al 10%, pero se incrementó la proporción de bienes con aumentos más pequeños al punto que, según Ecolatina, el 85% de los productos relevados mostró subas menores a 10%, generando que únicamente el 10% de los precios de los bienes se mantenga sin incrementos.

«Si a esto le sumamos la dinámica de alquileres y bienes para el hogar, se obtiene una marcada aceleración del IPC Núcleo (que excluye bienes y servicios con un componente estacional o regulados por el Gobierno), que trepó 3,5% entre quincenas», detalla el informe de la consultora a modo generalizado.

Lo que viene tampoco es alentador ya que la suba de precios será más uniforme durante agosto rozando el 3%, especialmente considerando el reciente ajuste en los combustibles.

En este sentido, Ecolatina estima que «la inflación difícilmente vuelva a ubicarse debajo de 2% mensual en lo que queda del año aunque la magnitud de la aceleración dependerá de las negociaciones paritarias paralizadas durante la cuarentena; el grado de descongelamiento de algunos de precios regulados como prepagas, servicios de telefonía y combustibles, y la evolución de tipo de cambio o las restricciones en el mercado oficial».

Se espera además que la inflación alcance una mayor tasa en el último trimestre del año producto del levantamiento de la cuarentena y la reanudación de las paritarias y se ubique en torno al 39% para todo el 2020.

Desde el Gobierno tomaron nota de la situación y los funcionarios del equipo económico analizan formas para «legalizar» las subas más que nada porque admiten que la suba del 4,5% en promedio de los combustibles más el hecho de que los productos de la canasta básica, según datos del Indec, nunca dejaron de subir durante la cuarentena por encima del promedio mensual de inflación componen un combo que complicaría las proyecciones para septiembre.

Faltante, otro problema

Con respecto a los faltantes de productos, en las empresas explican que pueden tener origen en el contexto propio de la pandemia del Covid-19. Es decir, por plantas cerradas o con menos cantidad de trabajadores activos.

Sin embargo, otras fuentes conocedoras de los movimientos de esta industria advierten ciertas maniobras especulativas en el caso de la menor oferta de productos. Y la vinculan con los rumores sobre el futuro del mercado cambiario. Es decir, con las posibles medidas que se puedan anunciar para frenar la compra de dólares que, incluso hacen referencia a una posible y nueva devaluación.

«Nadie quiere que una decisión como esta lo agarre con mucho producto en la calle y por eso, las empresas prefieren limitar sus producciones a la espera de que se pueda aclarar el panorama», arriesgan las fuentes.

La situación es compleja porque muchas empresas alimenticias necesitan para producir insumos importados como el cacao o el café, que se cotizan en mercados internacionales en dólares y que en esos casos subieron un 40% en lo que va del año, así como el trigo o la harina lo hicieron en 35%.

 

Fuente
iProfesional
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