INTERÉS GENERAL

Los riesgos de una mala alimentación en el embarazo

Somos lo que comemos. La alimentación es clave para tener una buena salud. Una dieta desequilibrada puede ocasionar serios trastornos y en el caso de embarazadas afectar también el desarrollo del cerebro de su bebé en gestación. Los daños pueden ser reversibles o no, de corto o largo plazo, generar alteraciones en sus funciones motoras y cognitivas.

Los efectos de la mala alimentación dependerán de los nutrientes faltantes como:

  • calcio
  • hierro
  • vitamina A
  • yodo

También, del momento de gestación en que se encuentra el feto y si las carencias continuarán luego del nacimiento durante la primera infancia.

Algunas regiones del cerebro son más susceptibles que otras a las alteraciones nutricionales.

Un grupo de investigadores de la Unidad Ejecutora de Estudios en Neurociencias y Sistemas Complejos (ENyS, CONICET-UNAJ-HEC) estudian la problemática, sobre todo lo referente a la carencia de proteínas, una de las más comunes en poblaciones vulneradas de países en desarrollo como la Argentina.

Efectos de la mala alimentación

Una de las consecuencias de una mala nutrición, más allá del peso, es la baja talla.

Muchas embarazadas con registro de falta de nutrientes han dado a luz a niños que, incluso recuperando valores normales con el paso de los años, tienen más posibilidades de desarrollar enfermedades metabólicas como diabetes o presión arterial. También afecciones como demencias o deterioros cognitivos en la etapa adulta.

Una de las finalidades de la investigación es elaborar un plan de seguimiento de embarazadas que asisten a los Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS).

El equipo de investigación analizó un grupo de 34.455 mujeres incluidas en los Programa Sumar y Plan Nacer (políticas públicas de acceso a la salud para personas sin cobertura formal) entre 2006 y 2014.

De esos datos, concluyeron que un 5 %  de los bebés nacidos presentaba un perímetro cefálico (el tamaño de la cabeza) inferior a los rangos normales. Además, observaron que, aunque recuperasen peso durante los primeros cinco años, se mantenían por debajo del resto.

Una de las finalidades de la investigación es elaborar un plan de seguimiento de embarazadas que asisten a los Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS) durante el próximo año. Así buscarán reforzar la información sobre sus hábitos alimenticios, estudiar datos antropométricos como peso, talla y pliegues subcutáneos, evaluar el desarrollo visual, motor, cognitivo y de lenguaje de los niños.

La alimentación vegetariana en el embarazo debe ser monitoreadas por especialistas en nutrición debido a que existe un mayor riesgo de sufrir carencias nutricionales.

“El problema no es solamente la malnutrición sino que se combinan muchos factores como falta de acceso al agua potable o exposición a ciertas enfermedades. Y aquí es donde aparece la importancia de los estudios experimentales, es decir de laboratorio, que nos permiten trabajar en condiciones controladas y separar lo que es atribuible puramente a la ingesta de alimentos de aquello relacionado a cofactores de la pobreza”, apunta Jimena Barbeito, investigadora del CONICET en la ENyS.

La falta de proteínas afecta más a la mamá

Parte de la investigación fue simular una malnutrición crónica, bajando el consumo de animales antes y durante el embarazo, y posteriormente, en el momento de la lactancia. El experimento permitió comprobar que lo último que se afectaba eran los tejidos del embrión, mientras que primero aparecían cambios en la placenta y en el peso corporal de la madre.

Las legumbres, los cereales, las verduras o los frutos secos son una fuente de proteínas. Pero, hay que saber cómo combinarlas y administrarlas para que no resulten insuficientes.

Otra de las conclusiones a las que arribaron fue que algunas regiones del cerebro son más susceptibles que otras a las alteraciones nutricionales, lo que permitiría pensar qué funciones se verían más perjudicadas y qué estrategias se podrían desplegar para sostenerlas.

Embarazadas vegetarianas

La alimentación vegetariana es una práctica cada vez más frecuente en la población. Durante el último Congreso Nacional de Pediatría, la especialista en nutrición infantojuvenil, Virginia Bonetto, aseguró que una dieta libre de carne animal puede ser beneficiosa ya que contiene un bajo aporte de grasas saturadas, suelen incluir un mayor consumo de fibras y antioxidantes, generan un efecto de menor constipación y estreñimiento, ayudan a prevenir la obesidad y suelen ser cardioprotectoras.

Sin embargo, este tipo de dietas también deben ser monitoreadas por especialistas en nutrición. En embazadas, sorbe todo, porque existe un mayor riesgo de sufrir carencias nutricionales como:

  • hierro
  • calcio
  • omega 3
  • vitamina B12
  • proteínas

Las legumbres, los cereales, las verduras o los frutos secos son una fuente de proteínas. Pero, hay que saber cómo combinarlas y administrarlas para que no resulten insuficientes. En los casos de embarazadas que lleven una vida vegetariana, será necesaria la ingesta de suplementos. Esta advertencia se debe a que en este grupo de mujeres es frecuente encontrar menores concentraciones de estos nutrientes en comparación con embarazadas omnívoras.

Si la dieta es planeada y desarrollada con asesoramiento profesional para suplementar los nutrientes considerados críticos en el embarazo, no presentan ningún riesgo.

Datos que alarman

Para la Organización Mundial de la Salud, la malnutrición abarca la desnutrición, los desequilibrios de vitaminas o minerales, el sobrepeso, la obesidad, y las enfermedades no transmisibles relacionadas con la alimentación. Según  datos de la OMS de abril de este año:

  • 52 millones de niños menores de 5 años presentan emaciación (un adelgazamiento patológico), 17 millones padecen emaciación grave y 155 millones sufren retraso del crecimiento. Además 41 millones tienen sobrepeso o son obesos.
  • Alrededor del 45% de las muertes de menores de 5 años tienen que ver con la desnutrición.
  • La mayoría de los casos de mortalidad infantil se registran en los países de ingresos bajos y medianos. Al mismo tiempo, en esos mismos países están aumentando las tasas de sobrepeso y obesidad en la niñez.
  • Las mujeres, los lactantes, los niños y los adolescentes están particularmente expuestos a la malnutrición. Una buena alimentación durante los primeros años de vida asegura beneficios a largo plazo.
  • Las consecuencias en el desarrollo y las problemáticas económicas, sociales y médicas que trae aparejada una dieta desequilibrada son graves y duraderas. No sólo afecta a la persona sino también a las familia y la comunidad en la que viven.

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Fuente
PENSAR SALUD
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