INTERÉS GENERAL

Aumentó el cansancio visual por el abuso de pantallas durante la pandemia

De pronto, todo fue digital y las personas empezaron a sentir síntomas asociados al cansancio visual. La pandemia y el encierro nos pusieron como nunca frente a diferentes pantallas. Más horas de exposición, más dependencia a la virtualidad dispararon patologías relacionadas con la salud visual que podrían volverse crónicas.

“Las pantallas están incorporadas a nuestras vidas, tanto en el ámbito laboral como educativo y recreativo. Pero la cantidad de horas de exposición fue in crescendo y pasamos a depender de ellas para todo, hasta para mantener  relaciones afectivas. Todo esto ha tenido repercusión en la salud visual”, afirma María Pilar Méndez, médica oftalmóloga del Hospital Noel S. Sbarra, de La Plata.

La pandemia causó problemas relacionados con el uso excesivo de dispositivo electrónicos. El ojo seco es una de las tantas patologías asociadas al cansancio visual, explica Agustín Sáenz Valiente, jefe de Cirugías Oftálmicas de Clínica San Camilo.

“Hemos visto la necesidad de usar más anteojos de cerca. Los pacientes que estaban comenzado a necesitarlos o que ya habían comenzado empeoraron su visión. Por otra parte, un menor control de problemas crónicos como la maculopatía o el glaucoma hicieron que empeorara la progresión de estos cuadros. Los pacientes que tenían cataratas también empeoraron su calidad visual”, asegura Sáenz Valiente.

Desgaste, pandemia y cansancio visual

Heriberto Marotta, jefe del equipo de oftalmólogos del Sanatorio Finochietto, señala que quienes pasaron a realizar teletrabajo durante la pandemia aumentaron el ritmo de permanencia frente a las pantallas en más del 200%. Entre los chicos que asistían a clases remotas el incremento superó el 500%.

“Todo esto genera desgaste y cansancio visual (astenopatía). Es normal sufrir dolores de cabeza o contracturas como consecuencia de este exceso”, advierte.

Ezequiel Fernández Sasso, especialista en cirugía de cataratas y retina y, miembro de la Comisión de la Cámara Argentina de Medicina Oftalmológica (CAEMOF) marca también, la aparición de irritación de los párpados (blefaritis), conjuntivitis alérgica y orzuelos.

“Por otra parte, se incrementó la incidencia de cefaleas, en algunos casos severas, secundaria a una falta de, o mala, corrección de defectos visuales. La pandemia también demoró cirugías de cataratas, que se empezaron a realizar ahora, con llamativo aumento de las complicaciones intra y posoperatorias”.

Los médicos recomiendan una consulta de orientación con el oftalmólogo para chequear varios aspectos que se vinculan con el cansancio visual.

“Hay que revisar la capacidad visual para descartar defectos de refracción, como miopía, hipermetropía o astigmatismo”. Otro punto que recomiendan es controlar la presión ocultar, que no tiene síntomas y es el principal factor de riesgo para desarrollar glaucoma.

Además, es importante realizar un examen del segmento anterior del ojo y de fondo de ojos para controlar la retina y la vasculatura en general.

Síndrome visual informático

María Pilar Méndez explica que las pantallas LED de computadoras, tablets y teléfonos inteligentes emiten una luz visible de alta energía llamada luz azul, que tiene más energía que la luz habitual. “Muchos investigadores relacionan este contacto con un mayor riesgo a futuro de aparición de enfermedades relacionadas con la edad, como por ejemplo la degeneración macular”.

Este cuadro, llamado “síndrome visual informático”, genera molestias como sensación de cuerpo extraño en los ojos, fatiga y pesadez, caída de los párpados (blefaroespasmo), visión borrosa. También puede dar lugar a la aparición de más astigmatismo (visión doble) y de nuevas miopías (mala visión de lejos).

Pueden aparecer cefalea intensa, apatía, insomnio, déficit de atención, irritabilidad y dolores cervicales.

“Las pantallas exigen una concentración y una atención especial -dice María Pilar Méndez-. Pero también existen factores que sumados al abuso de las pantallas favorecen la aparición de estos síntomas: el parpadeo, la distancia, el ambiente y la iluminación”.

Cómo asegurar el parpadeo

El parpadeo es fundamental. Su función principal es mantener la lubricación del ojo.

Muchas horas frente a la pantalla hacen que se reduzca la secreción lagrimal: la lágrima se evapora y el ojo se seca, con síntomas como ardor, prurito, enrojecimiento.

“Cuando dos personas conversan se parpadea unas 25 veces por minuto -explica la oftalmóloga-. Frente a la pantalla de una computadora ese hábito se reduce a unas 5 veces por minuto; y cuando usa un video juego se puede parpadear menos aún. Eso reduce la humedad del ojo a menos a la mitad. Por eso un ejercicio recomendable es forzar el parpadeo”.

El uso de lágrimas, para mantener el ojo húmedo, también es una alternativa.

Los ambientes secos conspiran contra la salud visual: la franja ideal oscila entre los 21 y 24 grados. La iluminación es otro factor muy importante. La pantalla, por ejemplo, nunca debe ser colocada ni enfrente ni de espaldas a las ventanas. Cuando se trabaja con luz artificial, lo ideal es combinar una lámpara de techo y una de escritorio y ubicarla hacia un lateral (nunca de atrás ni directamente sobre el monitor).

“Se recomienda evitar la penumbra y usar sistemas antireflex, tanto para la pantalla como para los anteojos. En cuanto a la distancia, debe ser de al menos 60 cm respecto del monitor” agrega la oftalmóloga. La pantalla, idealmente, debería estar más baja que los ojos para imitar la posición -semi entornados- en la que leemos libros o materiales escritos.

Otra recomendación importante es tomarse períodos de descanso. “Existe una regla muy útil, conocida como la regla de los ’20-20-20’. Consiste en apartar la mirada de la pantalla 20 segundos cada 20 minutos y enfocar a 20 pies (unos 6 metros) o más de distancia”. Cuando miramos hacia lo lejos, el ojo se relaja.

Niños y miopía

Ezequiel Fernandez Sasso afirma que “es muy posible que en el futuro, debido al aumento del consumo diario de pantallas y la falta de exposición solar, sumado al prolongado aislamiento, veamos en los niños un riesgo acumulado de aparición de miopía severa”.

“La lectura continua a distancias cortas, la televisión y el uso prolongado del celular y las pantallas han demostrado asociarse significativamente con la miopía en niños menores de 12 años, lo que nos indica que estas conductas pueden ser factores importantes en el desarrollo de este vicio de refracción. Por eso es muy importante controlar el uso de pantallas en los niños”, añade Carlos H. Gordillo, del Consejo Argentino de Oftalmología.

Fernández Sasso aconseja programar descansos visuales de las pantallas cada 40 minutos, intentar que los niños usen las pantallas cerca de luz solar y que las apaguen idealmente dos horas antes de ir a dormir.

La Academia Americana de Pediatría, por su parte, recomienda que los chicos jueguen más tiempo al aire libre y que los tiempos de esparcimiento no estén ligados a teléfonos celulares, tablets o video juegos.

“Antes de los 18 meses de vida se recomienda que no utilicen pantallas para poder conectarse con el mundo real, las expresiones faciales, tonos de voz y lenguaje corporal que resulta de la relación entre padres e hijos”. Un verdadero desafío para los chicos, pero también para los grandes. Pensar Salud.


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